miércoles, 19 de agosto de 2009

Los Monjes y la Mujer

Dos monjes, un anciano y el otro más joven, regresaban al templo caminando junto al río. De pronto observaron en la orilla a una mujer llorando desconsoladamente.
"¿Qué te sucede?" -le preguntaron.
La mujer respondió: "Mi madre que vive al otro lado del río está muriendo y no podré estar con ella porque me resulta imposible cruzarlo sola".
El monje joven se lamentó: "Nuestros votos nos prohíben tener contacto con personas de otro sexo de modo que no podremos ayudarte, lo siento".
"Yo también lo siento pero sigan tranquilos su camino"- dijo la mujer y prorrumpió nuevamente en un angustioso llanto.
El anciano permaneció callado unos instantes, luego le dijo: "Ven mujer, súbete a mis espaldas, te cruzaré hasta la otra orilla".
Así lo hicieron y miesntras la mujer agradecía emocionada una vez del otro lado, los monjes reanudaron su camino en silencio.
Después de un largo trecho, el joven preguntó:
"Dime maestro, ¿qué sucedió para que rompieras tus votos y cargaras a la mujer hasta la orilla opuesta?"
"Dime tú ¿qué sucede?, yo ya la dejé, pero tú la sigues cargando.

La Joya Preciosa (Cuento Budista)



El maestro llegó a las afueras de un pueblo y se sentó debajo de un árbol. Inmediatamente se le acercó corriendo un vecino del lugar diciendo:
"La piedra, la piedra, dame la piedra preciosa. Anoche se me apareció Dios y me anunció que un extranjero me traería una piedra preciosa que me daría la riqueza para siempre".
El maestro buscó en su bolso y sacando una piedra se la entregó. "Debe ser ésta, la encontré ayer en el bosque", dijo.
Era una piedra enorme, quizá el diamante más grande del mundo.
El hombre lo tomó y regresó muy de prisa a su casa. Pero esa noche no pudo dormir, dió vueltas y vueltas en la cama durante toda la noche.
Al día siguiente volvió al lugar donde se encontraba el maestro para devolverle el diamante, con estas palabras:
"Dame la riqueza interior que te permite desprenderte de este diamante con tanta facilidad".